Sexualidad Humana

  Desarrollo evolutivo de la sexualidad
 

El niño, desde que nace, tiene una continua etapa de maduración y desarrollo biológico e inicia sus experiencias y descubrimientos sensoriales. Durante esta primera etapa de la infancia, principalmente se inicia la formación del guión sexual el cual se va acondicionando con los valores y normas familiares, culturales y grupales.

Desde la infancia hasta la vejez ocurren cambios en la sexualidad del individuo. Conocer cuáles son los aspectos que contribuyen a la conformación de una sexualidad sana puede facilitarnos la comprensión de las dificultades que aparecen a lo largo de las etapas vitales del individuo en relación a su sexualidad. De manera sintética, a continuación se describen alguna de estos aspectos que caracterizan las primeras etapas evolutivas.

En la etapa neonatal al bebé se le asigna un género, encontrando actitudes y conductas diferentes por parte de los progenitores en función de si es niño o niña. El niño o niña procurará ajustarse a las expectativas comportándose de manera diferencial.

En la primera infancia se establecen unos vínculos de afecto con los referentes más próximos. Estos generan sentimientos de protección y se comunican de forma íntima (contacto corporal), proporcionando seguridad y estima hacia uno/a mismo/a. También se aprende a reconocer y a expresar emociones.

A partir del año y medio se adquiere una identidad sexual, es decir el niño o la niña se autoclasifica como niño o niña en función de lo que parece (concepto de género). En etapas posteriores la curiosidad del menor puede llevar a explorar su propio cuerpo y el de los otros. Interpretar desde la óptica de un adulto esta curiosidad puede crear males entendidos, dando significados que se apartan de la realidad del menor: un simple juego autoexploratorio, que se debe vivir como algo íntimo y no prohibido.

A partir de los 6 años los agentes de socialización ejercen gran influencia: en muchas ocasiones se reprime la conducta sexual, fijándose las bases de una futura moral sexual adulta. La falta de respuestas ante dudas sexuales convierte a lo sexual en lo prohibido. Es conveniente una buena información sexual, animando a hablar de la sexualidad cuando se crea preciso.

La importancia de los modelos de hombre y mujer que se asimile puede condicionar la forma de vivir la sexualidad. Un modelo represivo en lo sexual puede inhibir y culpabilizar. Un modelo donde se admiten imperfecciones, donde cada uno puede mostrarse tal y como es, resulta más sano.

Por lo que respecta al desarrollo, la identidad sexual está impresa y sellada generalmente entre los 2 y 3 años de edad con excepción de algunos casos de ambigüedad que generalmente se manifiestan en travestismo con muy pocas posibilidades de cambio. El rol sexual, es decir la conducta, está todavía en un proceso de conformación y puede cambiar hasta avanzada edad.

En la etapa de los 6 a los 12 años los modelos de sexo propio adquieren especial importancia en esta edad, ya que el niño continúa en cierta acentuación al proceso de internacionalización de las pautas de conductas concordantes con el sexo de asignación (hombre – mujer). El juego es la principal tarea y el campo propio del aprendizaje de su papel sexual con respecto a la sociedad, su edad, cultura, etc.

Los varones intensifican en nuestra cultura los juegos que implican actividades físicas, brusquedades o aventuras, por otro lado, las niñas lo hacen con los juegos que implican actividades sociales, maternales y hogareñas. En estas etapas prefieren siempre jugar con alguien de su mismo sexo probablemente como parte del proceso de consolidación de su identidad y su papel sexual.

La adolescencia se inicia con la pubertad, entre los 11 y 15 años, está determinado principalmente por los fenómenos biológicos, mientras que la adolescencia se encuentra determinado por un periodo de experiencias están más influenciadas por valores y circunstancias psicoculturales.

Desde el punto de vista psicológico y social, la adolescencia es el estado intermedio entre la infancia y la edad adulta que exige al individuo ciertos requisitos para ser catalogado como tal. En nuestra cultura occidental el cambio de niño a adulto demora  unos años y en general se supera sin dejar mayores problemas.

Los principales cambios externos que se producen en la pubertad para el hombre, principalmente es el crecimiento de los testículos y escroto, crecimiento del vello púbico, crece el cuerpo, además del pene, también cambia la voz, etc. Mientras que en las niñas, los cambios principales son el crecimiento de las tetillas y luego de los senos, crecimiento del vello púbico, el agrandamiento del cuerpo, además del inicio de la menarquía etc.

La adolescencia y la pubertad significan para el joven una serie de experiencias para las cuales frecuentemente no están preparados. Con frecuencia en nuestra cultura, la niña llega a la primera menstruación sin tener idea de la existencia de este fenómeno y el joven llega a las primeras erecciones y poluciones nocturnas sin tener idea de lo que sucede, o si está enterado de ello, no es con una actitud sencilla y natural, sino maliciosa o perturbadora por lo fragmentario de sus conocimientos.

Es mejor concebir la adolescencia como el periodo de la vida que es cambiante, lo cual a su vez, lo hace emocionante, hermoso y trascendente, en el cual se están revisando los valores infantiles y adoptando otros que van a configurar la personalidad madura.

El humano es un ser social. Si no aprende a entenderse bien con otras personas de su propio sexo, en el trabajo y en la recreación, tendrá que enfrentarse con obstáculos en su vida. El niño pequeño comienza su socialización en el hogar, se entrena con los hermanos y familiares; a medida que crece, los grupos de amigos van adquiriendo mayor importancia, le proporcionan oportunidades para comunicar problemas y sentimientos comunes para adquirir destrezas e intereses y para aprender y controlar su conducta sexual.

El despertar sexual que ocurre en la primera adolescencia y en la primera juventud, hace que el deseo sexual sea vigoroso y más intenso que en la vida madura. La pubertad como tal, es un periodo crítico del desarrollo psicosexual no solo por la novedad de las experiencias sino por el efecto que los factores situacionales específicos de las experiencias sexuales de esta etapa producen en su vida sexual adulta, moldeando en gran parte sus preferencias, gustos, estímulos y respuestas sexuales.

Los impulsos sexuales que acompañan al amor adolescente alcanzarán gran intensidad, especialmente en los muchachos, expresándose esta, en una acentuación de la masturbación o en el contacto sexual transitorio. Tienen motivaciones diferentes para la niña y el varón. En ella llevarán envuelta toda su afectividad.

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