Sexualidad Humana

  Dimensión psicológica de la sexualidad
 

Al hablar del desarrollo psicosexual humano nos enfrentamos con la dificultad que implica el poder referirse a las verdades universales de este proceso. El desarrollo psicosexual está determinado por los factores culturales hasta tal punto que solo podemos hablar de desarrollo del hombre en una cultura determinada.

La psique (mente) humana juega un papel fundamental en nuestro modo de vivir y sentir nuestra sexualidad. Nuestras forma de percibir la belleza, nuestras ideas sobre lo que está bien o mal en cuanto al sexo, nuestra personalidad, nuestras convicciones, el temperamento de cada persona, son factores decisivos en nuestras relaciones sexuales.

Durante su desarrollo, los niños hacen exploraciones con su propio cuerpo y con el de los demás. Este proceso continua durante toda la infancia hasta que es satisfecho por el conocimiento total de su cuerpo y el de los adultos. Esto es logrado si, tal proceso no es obstaculizado por los padres o por la actitud inhibidora de los adultos.

Nuestra propia identidad sexual, la orientación sexual, depende en gran manera de nuestro modo de vernos y entendernos psicológicamente en relación a lo sexual. Entendemos como identidad sexual a la suma de las dimensiones biológicas y de conciencia de un individuo que le permiten reconocer la pertenencia a un sexo u otro, es decir, ser varón o mujer.

En esta temprana identificación sexual del niño, en la que influye el entorno en donde se desarrolla, puede inicia un proceso decidido y a veces rígido en el aprendizaje del papel sexual, el cual es continuamente enseñado, moldeado y estimulado (reforzado) por la cultura. Este aprendizaje es positivo y negativo a la vez. De acuerdo con los códigos culturales, ciertas conductas propias del sexo deben adquirirse y demostrarse, en cambio otras deben eliminarse.

Durante la adolescencia no es un fenómeno aberrante o anormal, como se pretendió hacer creer algunas décadas atrás algunos fenómenos que ocurrían con los adolescentes.  En el ámbito tanto fisiológico como psicológico, en nuestra cultura tener como datos normales los índices de masturbación en adolescentes. Estas prácticas se dan entre el 90% a 95% de los adolescentes.

La edad juvenil o, primera etapa de la vida adulta, se caracteriza por la selección de la compañera estable para la relación sexual y para la vida conyugal. Durante esta etapa, en la mayoría de los casos, se estabiliza el modo personal de la actividad sexual (heterosexual singular, pluralista, ambisexual, etc.) mientras que en otros continúa la ambivalencia.  Durante este proceso de decisión acerca de la vida sexual, el individuo se ve frecuentemente asaltado por la duda o el temor al posible fracaso o error en la elección de compañera especialmente en las sociedades de matrimonio indisoluble y monogámica.

Con la edad, la capacidad de respuesta sexual sufre algunos cambios, los cuales tienen un ciclo diferente en los dos sexos. En la mujer el mayor interés sexual y la mayor respuesta orgásmica suele ser después de los 30 años, dicha respuesta puede variar de acuerdo a la persona, luego va declinando poco a poco y muy lentamente. En el hombre, la mayor capacidad y prontitud de orgasmo y erección se da hacia el final de la adolescencia, manteniendo una disminución continua a partir de las década de los veinte.

En la edad madura avanzada, se caracteriza en nuestra cultura, por la preocupación del individuo por mantener su estatus afectivo, su ajuste marital y su capacidad sexual particularmente en el hombre.

El mito social de que después de cierta edad, digamos los sesenta años, no se es sexualmente funcional o no se deben tener relaciones sexuales, ocasiona muchos problemas y la pérdida real de la potencia sexual. Cuando está claramente comprobado que la capacidad psicofisiológica de reaccionar sexualmente se conserva hasta la avanzada edad.

Por otro lado entendemos como orientación sexual al objeto de los deseos eróticos y/o amorosos de una persona, como una manifestación más en el conjunto de su sexualidad. Forma parte de los conceptos construidos por escuelas derivadas del psicoanálisis. La Preferencia sexual es un término similar, pero hace hincapié en la fluidez del deseo sexual y lo utilizan mayoritariamente quienes opinan que no puede hablarse de una orientación sexual fija o definida desde una edad temprana.

Las subculturas adolescentes y masculinas son especialmente restrictivas y demandantes en el sentido de la formación de una imagen. El modelaje de los adultos es también exclusivamente en ésta dirección. La imagen proyectada, alentada, alabada y promulgada por los medios de comunicación social también es aplastantemente heterosexual.

No debemos olvidar el valor que adquiere el guión sexual que se conforma y desarrolla en la adolescencia en relación con el papel y la orientación sexual. Una vez creada la identidad sexual y la imagen que uno se hace de si mismo, como hombre o como mujer, uno debe vivir conforme a ella.

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