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El virus más peligroso para las mujeres nunca estuvo en cuarentena

28 mujeres asesinadas, 400 niñas violadas y 1100 mujeres desaparecidas durante los 105 días de aislamiento social en Perú.

El coronavirus apareció como un invasor que de forma repentina ingresó a los cuerpos de las personas y no tardó en propagar sus efectos dañinos en las familias sin que alguien hubiera podido predecir su magnitud.
A la fecha, ha cobrado la vida de más de 11 mil compatriotas y a nivel mundial, de más de 555 mil personas; pero las medidas de prevención y el aislamiento social han demostrado su efectividad y en muchos países, el virus se ha detenido y la cifra de recuperados asciende favorablemente.
Sin embargo, existe otro virus que ha convivido con nosotros sin ser cuestionado desde tiempos inmemorables y sigue cobrando vidas incluso dentro de los propios hogares. Hablamos del machismo estructural que se refleja en acciones concretas como las altas cifras de violaciones sexuales y embarazos de niñas y adolescentes, violencia física y sexual hacia las mujeres dentro de parejas y matrimonios tradicionales y el número de feminicidios que no deja de crecer.
Nuestro país es un triste ejemplo de esta realidad, años atrás Perú fue considerado uno de los países más peligrosos para la vida de las mujeres y actualmente, lidera las cifras de violaciones sexuales en Latinoamérica.
Bajo una lógica natural es inexplicable que mientras los crímenes comunes han disminuido durante el aislamiento social, cada tres días han asesinado a una mujer y cada día cuatro niñas ha sido abusada sexualmente.
¿Dónde están las 2457 mujeres desaparecidas durante estos seis meses del 2020? ¿Cómo pueden desaparecer 791 niñas y adolescentes durante un periodo en el que todos están en casa de forma obligatoria? ¿Hacia dónde las llevan? ¿Cuál es su destino final?
Los crímenes contra las mujeres no suceden solos, más del 80% son cometidos por un integrante de la familia. La violencia machista se esconde bajo las paredes de hogares que replican actitudes de objetivización y pertenencia de las mujeres como un acto natural, ajenos a una educación integral en sexualidad por desinformación y en su mayoría con paternidades ausentes.
No podemos seguir indiferentes a la vida de las mujeres. Todos y todas merecemos un trato digno. Nuestra quietud es cómplice de las siguientes violaciones sexuales, nadie merece vivir con temor. Urge involucrarnos en el cambio.
Necesitamos empezar a rediseñar una sociedad que eduque y fomente hogares desde el respeto, el amor e igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. Cambiar el enfoque desde una educación que contemple la sexualidad sin tabués desde los primeros años de vida y que haga énfasis en la salud emocional de todos y todas la peruanas.

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